no sabemos hacer manifiestos, pero no nos importa: escribimos
deseamos una forma de montañismo pro-grávida —como dice Bjung-Chul Han—, que nos hunda en el paisaje hasta casi hacernos desaparecer
no queremos dejar huella ni en la historia —ni en el tiempo— ni en el monte —ni en el espacio—; pero, sabemos que eso es imposible —porque todo paso deja rastro—…
lo que queremos decir es que no pretendemos trascender, afirmamos las afectaciones que atraviesan el cuerpo-mundo, pero sin pretender incidir a golpe de voluntad —intencionalmente, a toda costa— en el entorno
prestamos atención e intentamos poner en juego una intención que minimice su violencia intervencionista en el medio
del grupo Alpinismo Molotov, tomamos la práctica del ritmo oratorio, y, cuando caminamos por el monte, adecuamos el paso a las palabras y a la respiración, no al contrario: jamás nos quedamos sin aliento
no queremos cronómetros
no queremos drama
no queremos gesta
no queremos épica
no queremos heroísmo
no queremos sacrificios
no queremos deporte
no queremos marcas
no queremos conquistas de cimas
ni ataques de aristas
nos gusta lo que casi es: casi llegar a una cumbre —quedarnos en la antecima—, casi encadenar una vía, casi finalizar un viaje: nos gusta el sabor a eternidad de lo que está entre-medias, aunque sabemos que lo eterno es solamente una forma grandilocuente de decir cotidianidad
nos gusta sentir el cuerpo cuando está inmerso en ese entre-medias cotidiano que es la vida
no necesitamos la cima, esa es la verdad: vivimos en la anticima
del Grupo Surrealista de Madrid, tomamos el concepto de materialismo poético: una relación directa con el mundo a través de la poesía
la poesía no es solo una forma de escribir un texto, es una forma de habitar el mundo
no escribimos poemas, sino que escalamos poéticamente, casi danzando
pero no somos ni deportistas ni artistas
todo lo que hacemos está dentro de la categoría alpinismo, al igual que propone la gente de Alpinismo Molotov
lanzar la mirada abismalmente a través de la ventana para contemplar la nieve sobre la roca es también alpinismo
entendemos que hay muchas formas de acudir al monte, no queremos negar las infinitas posibilidades que existen, aunque muy pocas de estas formas nos interesen
porque no queremos practicar un alpinismo de mercado, ni un alpinismo de ocio, ni un alpinismo de turismo, ni un alpinismo deportivo, ni un alpinismo competitivo, ni un alpinismo lírico —lo poético no es lírico—, ni un alpinismo distanciado del territorio
aunque sabemos que es inevitable reproducir estas formas de alpinismo en ocasiones, no nos fustigamos por ser incoherentes
queremos profanar la montaña
para Giorgio Agamben, profanar algo que ha sido previamente consagrado —es decir, separado, distanciado de la comunidad— es devolverlo al uso común
queremos profanar el monte como una forma de afirmación de sus contradicciones
desde el Alpinismo —con mayúsculas, el oficial— se ha mitificado simbólicamente la Naturaleza como espacio de excepción —a pesar de que la mayoría de las veces la Naturaleza no se habita más que como Parque Temático—: de esta forma, se ha construido la imagen de la Naturaleza como un lugar salvaje en el que tener aventuras y ser libre
pero, en realidad, sabemos que el campo es una mezcla de propiedades públicas y privadas, vallas, proyectos comerciales, poblaciones rurales, ganadería, agricultura, urbanizaciones, industria…
es un espacio social
afirmamos lo heterogéneo del campo como única forma de poder habitar el mundo
no nos evadimos de lo que hay, sino que lo afirmamos para poder practicar un alpinismo vernáculo —siguiendo la inercia de la arquitectura vernácula que propone el Consejo Nocturno—, no profesionalizado, poético, sensual, erótico, vulnerable, disponible, afectado
el alpinismo vernáculo es una continuación del campo por otros medios
como decíamos, no sabemos escribir manifiestos
los hacemos en minúsculas y sin puntos-y-aparte porque no nos fiamos de lo que estos signos significan
tampoco hacemos fotos de gran calidad
ya os lo hemos dicho: no molamos
*los textos están escritos en plural, aunque, de momento, el proyecto se sostiene sobre un cuerpo que obedece al nombre de olga blázquez sánchez: el plural, no obstante, manifiesta el deseo de reconocer la polifonía desde la que hablo —»como cada uno de nosotros era varios, en total ya éramos muchos» que dicen Deleuze y Guattari en sus Mil Mesetas—; el plural también quiere expresar el deseo de encontrarme con más gente

